Un par de investigaciones prestigiosas confirman que el entrenamiento intensivo del cerebro rejuvenece su capacidad de procesamiento, contrarrestando las pérdidas producidas por el envejecimiento.
Rodrigo Lara Serrano, revista Ingenio
En su libro “Por qué las cebras no tienen úlceras”, el neuroendocrinologista Robert M. Sapolsky hacía notar que, aunque la norma es que el envejecimiento consiste en el deterioro progresivo de los sistemas corporales, un pequeño grupo de personas solían mejorar la eficiencia de su funcionamiento con el paso del tiempo. No se volvían más jóvenes, pero su metabolismo resolvía “mejor” los problemas fisiológicos que se presentan con los años.
Sin embargo, una cosa es el metabolismo en general y otra la capacidad cognitiva en particular. El deterioro de esta última se cree que es un efecto tan inevitable como implacable del envejecimiento normal. Hasta ahora. Investigadores del Centro de BrainHealth de la Universidad de Texas en Dallas (EE.UU.) realizaron una investigación podría brindar nuevas esperanzas de ampliar nuestra función cerebral a medida que los años hacen su tarea de desgaste.
La evidencia viene de un estudio clínico, todavía pequeño en tamaño, el cual incluyó adultos de 56 a 71 años, los investigadores descubrieron que después de un período de entrenamiento cognitivo, los cerebros de los participantes eran más eficientes energéticamente, lo que significa que su cerebro no tenía que trabajar tan duro para realizar una tarea específica.
Mejorar sin fármacos
El Dr. Michael Motes, científico investigador del Center for BrainHealth y uno de los autores principales del estudio, cree que este descubrimiento no es nada menor: “Encontrar una intervención no farmacológica que pueda ayudar a un cerebro que está envejeciendo a desempeñarse como un cerebro más joven es un hallazgo bienvenido que, potencialmente, fomenta la comprensión de las maneras de mejorar la salud y la longevidad del cerebro”.
Para llegar a estas esperanzadoras conclusiones, se decidió investigar los cambios en la eficiencia del cerebro, estudiando la actividad neuronal mientras un grupo de participantes realizaba una tarea. Así, 57 adultos mayores cognitivamente normales fueron asignados aleatoriamente a un grupo de entrenamiento cognitivo, un grupo de control y a un grupo de control de ejercicio físico. El entrenamiento cognitivo utilizó el programa de Entrenamiento de razonamiento avanzado de memoria estratégica (SMART, Strategic Memory Advanced Reasoning Training) desarrollado en el Centro de BrainHealth.
Las estrategias de entrenamiento cognitivo incluyeron:
a) Cómo enfocarse en la información más relevante y filtrar la menos relevante.
b) Formas de sintetizar continuamente la información encontrada en la vida cotidiana para alentar un pensamiento más profundo
c) Cómo inspirar el pensamiento innovador mediante la generación de diversas interpretaciones, soluciones y perspectivas.
Más ejercicio aeróbico
Debido a que se ha demostrado que el ejercicio aeróbico conduce a mejoras en la velocidad de procesamiento y los cambios funcionales dentro de las regiones frontales y otras regiones del cerebro, se incluyó también este factor en uno de los grupos de estudio.
El entrenamiento cognitivo antes descrito se llevó a cabo en el transcurso de 12 semanas. Por su parte, los participantes en el programa de control físico de control activo excedieron las pautas de actividad física de 150 minutos por semana durante las mismas 12 semanas.
Finalmente, utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica de imágenes que mide la actividad cerebral, los investigadores examinaron los tres grupos al principio (línea de base), medio y final del estudio, mientras que los participantes realizaban tareas mentales, basadas en computadora, que implicaban velocidad mientras se los sometía a un escáner.
Los resultados proporcionaron evidencia de que el entrenamiento cognitivo mejoró la actividad neuronal relacionada con la velocidad. Si bien todos los grupos mostraron tiempos de reacción más rápidos en todas las sesiones, el grupo de entrenamiento cognitivo mostró un aumento significativo en la asociación entre el tiempo de reacción y la actividad del lóbulo frontal.
Después del entrenamiento, los tiempos de reacción más rápidos se asociaron con la actividad del lóbulo frontal inferior, lo que es consistente con la actividad neuronal más eficiente en energía que se encuentra en los adultos más jóvenes.
Contraataque
“Este descubrimiento de los perfiles de eficiencia neuronal que se encuentran en los adultos mayores entrenados en SMART es prometedor”, dice la Dra. Sandra Bond Chapman, una de las principales autoras, fundadora y directora principal del Centro para BrainHealth. Si estos se replican en otros laboratorios, agrega, “este trabajo allana el camino para que los ensayos clínicos más grandes prueben la capacidad de aprovechar el potencial de la mente que envejece y su capacidad para sobresalir, trabajando como un cerebro más joven con todo el conocimiento y experiencia acumulados en el tiempo”.
Sin duda, “contrarrestar el patrón de pérdidas relacionadas con la edad e incluso mejorar el funcionamiento interno del cerebro, ‘pensando´ de maneras más inteligentes, es un objetivo alcanzable y altamente deseable”.
Lo logrado por el equipo del Centro de BrainHealth es importante, además, porque viene a inclinar la balanza en el debate sobre si el entrenamiento cerebral posee una utilidad relevante o no. Hasta el momento, los científicos que intentaron determinar si los ejercicios cerebrales mejoraban el rendimiento cognitivo habían tenido una suerte mixta: algunos experimentos mostraban mejoras; otros, nada.
En esta misma línea, investigadores de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland, EE.UU.) sospecharon que el problema no estaba en la idea misma del entrenamiento cerebral, sino el tipo de ejercicio que los investigadores han estado eligiendo para probarlo. Entonces, decidieron comparar directamente los principales tipos de ejercicios existentes y medir la actividad cerebral de las personas antes y después del entrenamiento; lo cual nunca se había intentado antes.
El equipo reunió a tres grupos de participantes, adultos jóvenes. Todos tomaron una batería inicial de pruebas cognitivas para determinar la memoria de trabajo de referencia, la atención y la inteligencia. Todos también se les realizó un electroencefalograma (EEG) para medir la actividad cerebral. Luego, fueron enviados a casa para practicar una tarea cognitiva en sus computadoras durante un mes. Un grupo usó un tipo de los ejercicios cerebrales base usados por los científicos mientras que el segundo grupo usó el otro. El tercer grupo practicó en una tarea de control.
Neuronas en el gimnasio
Los programas de capacitación que Johns Hopkins comparó no son los productos comerciales disponibles que se venden a los consumidores, sino herramientas en las que los científicos se basan para evaluar la memoria de trabajo del cerebro.
Los involucrados en el experimento entrenaron cinco días a la semana durante 30 minutos (en un mes), luego regresaron al laboratorio para otra ronda de exámenes, en busca de ver si había cambiado algo sobre su cerebro o sus capacidades cognitivas.
Los investigadores encontraron que el grupo que practicó lo que se conoce como un ejercicio de “dual n-back” mostró una mejora del 30 por ciento en su memoria de trabajo. Eso fue casi el doble de los avances logrados por el grupo que trabaja con la otra tarea común, conocida como “complex span”. El grupo “dual n-back” también mostró cambios significativos en la actividad cerebral en la corteza prefrontal, la región crítica responsable del aprendizaje superior. Este último es una prueba de secuencia de memoria en la que las personas deben recordar una secuencia de estímulos visuales y auditivos en constante actualización. Los participantes de Johns Hopkins vieron cuadrados parpadeando en una cuadrícula mientras escuchaban las letras. Tenían que recordar si la casilla que acababan de ver y la letra que escuchaban eran las mismas que durante una exposición previa a los estímulos. A medida que la prueba se hizo más difícil, tuvieron que recordar cuadros y letras de dos, tres y cuatro rondas atrás. Es un poco como el juego electrónico para niños llamado Simon, pero en lugar de simplemente recordar sonidos y colores, se debe recordar la secuencia actual y la de unas pocas rondas atrás.
La otra prueba, llamada “complex span”, también implica recordar elementos en una secuencia. Hay una distracción para las personas entre los elementos, pero no necesitan actualizar continuamente los elementos en su mente.
Conclusión. Los hallazgos demuestran que el “doble n-back” es un mejor régimen para entrenar la memoria de trabajo, que es en la cual la gente confía para guardar temporalmente detalles en su mente, como números de teléfono y direcciones. Estas habilidades son vitales para la forma en que las personas se desempeñan en la escuela y en el trabajo, cuando las tareas son nuevas y no se puede confiar en los viejos conocimientos y hábitos, dice la coautora de la investigación Susan Courtney, neurocientífica del Johns Hopkins y profesora de ciencias psicológicas y del cerebro.
“Los hallazgos sugieren que esta tarea particular está cambiando algo sobre el cerebro”, dice Courtney. “Hay algo sobre la secuenciación y la actualización que realmente aprovecha las cosas que solo la corteza prefrontal puede hacer, las tareas de resolución de problemas del mundo real”.
Los resultados de las dos investigaciones abren camino para el optimismo, pero no hay que cantar victoria total: “La mayor lección aquí fue que, sí, el entrenamiento intensivo fortalece la cognición y el cerebro, pero todavía no entendemos por qué y cómo”, explica Courtney, pidiendo cautela. Esto es, “no podemos simplemente saltar a un videojuego y esperar que eso solucione todos nuestros problemas cognitivos. Necesitamos intervenciones más específicas”. Al menos, hay luz al final del túnel. Y así como las úlceras, alguna vez parecieron algo que sólo se podían mitigar y no erradicar, tal vez, con el deterioro cognitivo natural, eventualmente ocurrirá lo mismo.