Etiqueta: creatividad

  • Jueces, científicos y artistas… a la vez

    Jueces, científicos y artistas… a la vez

    Se necesitan tres formas de pensamiento para ser verdaderamente inteligente. Y usarlas de manera equilibrada.

    Benjamin Kessler, George Mason University

    ¿Sabemos realmente qué significa ser inteligente? Es una pregunta más compleja de lo que parece. Existen diversas maneras de concebir la inteligencia, como ilustra la conocida oposición entre inteligencia teórica e inteligencia práctica. Según la mayoría, una persona verdaderamente inteligente no solo piensa bien, sino que también es capaz de traducir ese pensamiento en acciones concretas para alcanzar metas positivas y prácticas. Es la famosa “inteligencia para vivir”. Y es una muestra de que equilibrar y combinar diferentes tipos de inteligencia puede ser incluso más importante que la cantidad de conocimientos o la forma de pensar.

    Hacia eso apuntan Matthew A. Cronin, profesor de administración en el Costello College of Business de la Universidad George Mason (Estados Unidos), y su coautora Lillien M. Ellis, de la Universidad de Virginia, que descomponen la inteligencia en tres modalidades, a las que denominan Científico, Artista y Juez (o CAJ”).

    Uno para todos y todos…

    Ahora. ¿De dónde sale esto? Se trata de ilustrar la idea de tres actitudes, más que de decir que hay que tener esas tres profesiones juntas para ser considerarse inteligente.  Para Cronin, el Científico se centra en la lógica y la evidencia, en cómo conocemos las cosas. Por su parte, el Artista representa la imaginación, la capacidad de concebir posibilidades más allá de lo que se nos da. En tanto que el Juez es responsable de sopesar la moralidad, la pertinencia, etc., de una acción o decisión.

    Cronin sostiene que todos tenemos un científico, un artista y un juez en nuestra mente, pero que a menudo están desequilibrados. “La mayoría de la gente prefiere uno de los tres y deja que ese domine a los demás. Y ahí es cuando surgen los problemas”, afirma.

    Equilibrio

    Como ejemplo, la nota técnica de Cronin cita protocolos de ciberseguridad centrados en el pensamiento crítico (que priorizaban la seguridad, pero no tenían en cuenta el funcionamiento de la memoria), lo que obligaba a los usuarios a crear contraseñas imposibles de recordar. La gente las anotaba cerca de sus ordenadores, frustrando así el propósito de la seguridad. La incorporación del pensamiento científico y artístico propició la innovación, cómo, por ejemplo, contraseñas largas que se memorizan con mayor facilidad sin necesidad de anotarlas.

    Según el marco CAJ, la colaboración entre Artista y Científico genera descubrimientos sobre el mundo al relacionar información o situaciones novedosas con el conocimiento previo. A su vez, se requiere la colaboración entre Artista y Juez para formular una visión, es decir, una realización imaginada de deseos o ideales que se consideran dignos de perseguir. El Científico y el Juez pueden trabajar juntos para desarrollar habilidades, es decir, la aplicación productiva del conocimiento hacia un objetivo específico.

    “Se va rotando entre estos roles”, explica Cronin. “Podemos empezar por lo que queremos, que es el Juez, y por cómo funcionan las cosas, que es el Científico; pero probablemente eso solo sirva para maximizar lo que ya estamos haciendo. Así que tenemos que encontrar una visión que podría ser mejor, pero casi con toda seguridad no podremos lograr que funcione sin algún tipo de descubrimiento”. Y ahí puede entrar el Artista.

    No es mágico

    Partiendo del libro de Cronin de 2018 (escrito en coautoría con Jeffrey Loewenstein), “El arte de la creatividad”, el marco CAJ formaliza cómo la creatividad (el Artista) funciona junto con otras herramientas cognitivas para ayudarnos a pensar, trabajar y vivir mejor. “La gente piensa en la creatividad como una habilidad mágica. No, es una habilidad que se puede desarrollar. Si puedes pensar en un tema, puedes pensar de forma creativa sobre él”, afirma Cronin.

    Por extensión, existe esperanza para cualquiera que se esfuerce por alcanzar el equilibrio intelectual fortaleciendo su faceta de Científico, Artista o Juez, según cuál de ellas esté un poco debilitada. “El primer paso es simplemente concienciar a la gente”, dice Cronin. “O creen que el pensamiento es una masa indiferenciada, o que las tres facetas están totalmente distantes y separadas entre sí”.

    La IA versus la mente humana

    El marco CAJ también puede ser una herramienta eficaz para estructurar la toma de decisiones de forma equilibrada. “Si tengo una idea de cómo podrían ser las cosas, sé que también necesito saber cómo funcionan en la práctica… Y cuando te encuentras con un pensamiento desequilibrado, como el de un burócrata que carece de la imaginación (es decir, el Artista) para concebir que puede haber otras maneras de abordar una situación, puedes recordarle a esa persona que todo lo que ahora damos por sentado alguna vez se consideró imposible”.

    Cronin lleva más de cinco años impartiendo el marco CAJ en sus cursos de gestión, y cree que su impacto no hará más que aumentar a medida que la IA desafíe a las organizaciones a definir el valor añadido que las mentes humanas pueden aportar a un conjunto de problemas.

    “La IA puede decirte lo que quieras saber”, afirma. “Pero eso no garantiza que sea correcto; esa es la función del Científico. No te dice lo que debes hacer; esa es la función del Juez. Y solo predecirá los resultados más probables; definitivamente no es la del Artista”.

  • ¿Cuál es la mejor manera de generar buenas ideas?

    ¿Cuál es la mejor manera de generar buenas ideas?

    Conectar personas al azar, pero no tan disímiles, tiene más probabilidades de producir las mejores. Si son gente de mundos muy distintos, al interactuar, se vuelven más conservadores.

    Gentileza de la Binghamton University

    Investigadores, grupos creativos, directivos de las empresas, en especial las grandes, se enfrentan a un dilema similar: ¿cuál es la forma ideal de organizarse para generar las mejores ideas? ¿Es mejor trabajar en grupos grandes? ¿En grupos más pequeños? ¿Reunir personas que sean similares o que sean diferentes?

    Una nueva investigación de la Universidad de Binghamton, Universidad Estatal de Nueva York, Estados Unidos, se puso a trabajar sobre estas preguntas, y algunos de los resultados que encontró no son los esperados.

    Durante casi 20 años, la profesora Shelley D. Dionne (actual decana de la Escuela de Administración de Empresas de Binghamton) y el profesor Hiroki Sayama han estudiado dinámicas grupales complejas y cómo afectan el desempeño de varios grupos de personas que abordan abordan tareas creativas.

    El experimento

    Los experimentos, realizados entre 2018 y 2020, involucraron a 617 estudiantes de la Universidad de Binghamton que colaboraron de forma anónima utilizando una interfaz en línea similar a Twitter o X en una de dos tareas: desarrollar un eslogan de marketing atractivo para una nueva computadora portátil o escribir una historia de ficción. Como parte de grupos de 20 a 25 personas, iniciaron sesión diariamente durante 10 días hábiles durante unos 15 minutos cada día para enviar ideas y comentar o dar me gusta a las ideas de sus colaboradores.

    El análisis del lenguaje de los ensayos de autopresentación presentados antes de los experimentos determinó si los estudiantes compartían puntos de vista o antecedentes similares al agruparlos. Algunos participantes podían comunicarse con todo su grupo, mientras que otros solo podían comunicarse con sus “vecinos” (un grupo más pequeño) en un organigrama en forma de anillo.

    Todos ven todo, error

    Para evaluar la calidad de las ideas, el equipo de investigación reclutó a candidatos a doctorado con especialización en marketing o gestión para la tarea del eslogan, y a miembros del personal de la División de Comunicaciones y Marketing de la Universidad para la tarea de redacción de la historia.

    Los investigadores admiten que varias de las conclusiones del estudio parecen contrarias a la intuición.

    “Si conectas a todos los participantes en las redes sociales de modo que todos puedan ver las ideas de los demás en la línea de tiempo, el experimento demostró claramente que mató la diversidad de ideas”, dice Sayama, miembro del cuerpo docente de la Escuela de Ciencias de Sistemas e Ingeniería Industrial del Colegio de Ingeniería y Ciencias Aplicadas Thomas J. Watson.

    Sin embargo, comunicarse con más personas sí hizo que las personas se sintieran más felices. Quienes interactuaron con menos participantes se sintieron más aislados, pero también generaron mejores ideas.

    Sorpresa: variedad negativa

    Además, cuando juntaron a personas de diversos orígenes, las ideas se volvieron más conservadoras porque todos las examinaron desde sus áreas de especialización y orientaron al grupo hacia alternativas “más seguras”.

    “Cuando conectamos personas al azar, resultó que era lo que tenía más probabilidades de producir las mejores ideas”, dice Sayama.

    Él ve el proceso de generación de ideas como similar a la evolución, con ideas como organismos que se adaptan y prosperan en un ecosistema biodiverso o son eliminados cuando no sobreviven a la ira de los depredadores y su entorno.

    “Cuando dos personas hablan entre sí, tú eres una isla y yo soy otra isla. Hay un canal que conecta las dos islas y las ideas que intercambiamos son como pájaros, peces o insectos que se mueven de un lado a otro”, afirma.

    “Cada cerebro contiene miles de ‘organismos’ de ideas diferentes, que escapan de una isla y entran en el cerebro de otra isla. Si son del agrado del entorno, la idea comenzará a replicarse en tu cerebro. Si el entorno odia esa idea, la matarán. Si lo consideras de esa manera, todo el proceso tiene como objetivo promover la biodiversidad”.

    Ideas y evolución

    Sayama admite que sería difícil implementar experimentos similares en un entorno de oficina típico. Los investigadores utilizaron inteligencia artificial para analizar los antecedentes de los participantes y los textos introducidos. Pero los gerentes pueden reducirlo a una pregunta sencilla: ¿cuál es el objetivo? Si quieren promover una “biodiversidad” de ideas, eso requiere una estrategia diferente a la de mantener viva una preciada “especie” (idea).

    Dionne cree que la fortaleza del estudio es la intersección de diferentes disciplinas al explorar los procesos de tareas creativas dentro de las redes.

    “Relacionar la generación de ideas con los procesos evolutivos permitió al equipo de investigación utilizar un marco común al decidir cómo probar las suposiciones, pero el marco común fue simplemente un punto de partida”, dice.

    Sayama añade: “Hay muchos mensajes diferentes que cada persona que lea este artículo puede extraer de los resultados. Sin duda, este no es el final definitivo del proyecto; solo abre muchas otras direcciones que esperamos poder seguir”.

    Los experimentos para esta investigación se llevaron a cabo antes del COVID-19 y en los primeros meses de la pandemia, pero el equipo estuvo ocupado con las tareas de toma de decisiones relacionadas con la salud pública de la Universidad y el proyecto entró en pausa.

  • Las experiencias creativas pueden retrasar el envejecimiento cerebral

    Las experiencias creativas pueden retrasar el envejecimiento cerebral

    La participación sostenida en actividades creativas como música, danza, artes visuales se asocia sistemáticamente con cerebros más jóvenes.

    Gentileza del Trinity College Dublin

    Participar en experiencias creativas como música, danza, artes visuales e incluso videojuegos específicos puede retrasar el envejecimiento cerebral y promover un funcionamiento cerebral más saludable. Así lo afirma un nuevo estudio internacional del Global Brain Health Institute (GBHI).

    Aunque la creatividad ha sido celebrada durante mucho tiempo por su valor cultural y personal, este estudio es la primera evidencia científica a gran escala que vincula directamente el compromiso creativo con la protección directa y medible de la salud cerebral.

    Trece países

    Investigadores de 13 países, incluyendo investigadores del Trinity College de Dublín, examinaron datos cerebrales de más de 1400 participantes, entre ellos expertos creativos como bailarines de tango, músicos, artistas visuales, estudiantes y no expertos. Descubrieron que la participación sostenida en actividades creativas se asociaba sistemáticamente con cerebros más jóvenes. Incluso el entrenamiento cerebral a corto plazo producía beneficios medibles, aunque menores.

    El Dr. Agustín Ibáñez, autor principal y correspondiente del estudio, profesor de Salud Cerebral en el GBHI y la Facultad de Medicina del Trinity College de Dublín, y director del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, afirma: “La creatividad se perfila como un poderoso determinante de la salud cerebral, comparable al ejercicio o la dieta. Nuestros resultados abren nuevas vías para intervenciones basadas en la creatividad que protejan el cerebro del envejecimiento y las enfermedades”. Y agrega que, “nuestro estudio también demostró que los relojes cerebrales pueden utilizarse para monitorizar intervenciones destinadas a mejorar la salud cerebral”.

    Al alcance de todos

    El Dr. Carlos Coronel, primer autor e investigador postdoctoral del GBHI, Trinity College Dublin y la Universidad Adolfo Ibáñez, afirma: “Una de nuestras conclusiones clave es que no es necesario ser un experto para beneficiarse de la creatividad. De hecho, descubrimos que los estudiantes se benefician de sesiones breves de entrenamiento con videojuegos”.

    Hasta ahora, los relojes cerebrales se han utilizado principalmente para evaluar las influencias negativas en la salud cerebral, incluyendo riesgos genéticos, exposiciones ambientales (bautizadas como exposoma) y desigualdades sociales. Este es uno de los pocos estudios que demuestra, por primera vez, que los relojes cerebrales también pueden captar influencias positivas; en este caso, el efecto protector de la creatividad.

    El estudio, en el que participaron 1.402 personas en 13 países, incluidos expertos creativos (bailarines de tango, músicos, artistas visuales y jugadores de estrategia), estudiantes que recibían capacitación a corto plazo y no expertos, hizo que los participantes completaran exploraciones cerebrales ( EEG y MEG) y pruebas cognitivas, que se analizaron con modelos de “reloj cerebral” para comparar la edad cerebral biológica y cronológica.

    Creatividad y juventud

    El diseño también incorporó modelado computacional del envejecimiento cerebral para evaluar la conectividad cerebral y la eficiencia del procesamiento de la información, identificando los mecanismos que vinculan la creatividad con la salud cerebral. Finalmente, los resultados se validaron en diversas modalidades y dominios creativos para evaluar efectos generalizables.

    Los resultados mostraron que la creatividad se relacionaba consistentemente con perfiles cerebrales más jóvenes. Los efectos protectores fueron más evidentes en las regiones vulnerables a la neurodegeneración (hipocampo, corteza prefrontal y áreas parietales). El modelado computacional reveló que la participación creativa favorece redes cerebrales más eficientes y una conectividad más sólida, mecanismos que se cree que subyacen a su función protectora.

    Tango

    Los hallazgos destacan la creatividad como un recurso de salud pública, con implicaciones para las intervenciones clínicas y las políticas sanitarias. Desde el tango hasta los videojuegos, las prácticas creativas comparten beneficios comunes para la salud cerebral y el envejecimiento saludable.

    Ibañez afirma: “Esto no solo es relevante para la neurociencia, sino que representa una oportunidad cultural y política. Nuestras sociedades necesitan reimaginar el envejecimiento saludable a través de ámbitos médicos y no médicos, como la creatividad, las artes y el juego”.

    Coronel afirma: “Si bien estas experiencias creativas difieren, comparten un denominador común: ayudan a proteger las conexiones cerebrales vulnerables al envejecimiento acelerado. Dado que cada persona tiene aficiones e intereses únicos, es alentador saber que existen muchas maneras de apoyar la salud cerebral a través de la creatividad”.

    Los resultados sugieren que la creatividad podría prescribirse, al igual que el ejercicio, como una forma económica, accesible y eficaz de proteger la salud cerebral. Los resultados también demuestran que los relojes cerebrales no solo son herramientas de diagnóstico del riesgo de enfermedad, sino también indicadores sensibles de experiencias positivas que fomentan la resiliencia.

  • Las personas creativas disfrutan del tiempo libre más que otras

    Las personas creativas disfrutan del tiempo libre más que otras

    Rutinas totalmente estructuradas y la adicción creciente a los dispositivos digitales dificultan el disfrute de estar solos, que no es sinónimo de aburrimiento.

    Niranjana Rajalakshmi, University of Arizona

    Es más probable que las personas creativas aprovechen al máximo su tiempo de inactividad durante un día típico al explorar su mente. Es lo que descubrió un estudio de la Universidad de Arizona (Estados Unidos).


    El trabajo encontró que las personas creativas son más propensas a usar fructíferamente el tiempo de inactividad al dejar que una idea conduzca a otra. Así, los participantes del estudio que eran más creativos se sentían menos aburridos cuando se sentaban solos en una habitación. Un dato que confirma esta apreciación fue que, durante la pandemia de COVID-19, una época en la que el mundo experimentó períodos inusualmente prolongados de tiempo desestructurado, las personas creativas estaban menos aburridas y más comprometidas con sus pensamientos.

    Tiempos no estructurados

    “Estoy particularmente interesado en la creatividad porque queríamos saber qué sucede en la mente de las personas creativas, especialmente en situaciones en las que nada limita sus pensamientos”, dice el autor principal del estudio, Quentin Raffaeli, estudiante graduado en el Departamento de Psicología de UArizona.


    En psicología y neurociencia, la mayoría de los estudios sobre los pensamientos humanos incitan a los participantes a pensar de cierta manera o les piden que informen sobre los pensamientos que experimentaron, pero se sabe menos sobre cómo surgen los pensamientos de forma natural y se desarrollan con el tiempo en contextos espontáneos, señala Jessica Andrews. Hanna, profesora asociada en el Departamento de Psicología.

    “Aquí es donde entra nuestro estudio”, dice Andrews-Hanna.
    La historia está llena de anécdotas de científicos, artistas y filósofos famosos que disfrutaron estar solos con sus pensamientos, y esas personas a menudo generaron algunas de sus mejores ideas durante el tiempo libre, recuerda la investigadora.
    Escasez

    “En la sociedad ajetreada y conectada digitalmente de hoy, el tiempo para estar a solas con los propios pensamientos sin distracciones puede convertirse en un bien escaso”, agrega.

    Los investigadores dividieron el estudio en dos partes. Para el primer experimento, pidieron a cada participante que se sentara solo en una habitación durante 10 minutos sin acceso a dispositivos digitales. En ausencia de un aviso en particular, se pidió a los participantes que expresaran sus pensamientos en voz alta en tiempo real. Luego se transcribieron y analizaron los archivos grabados de 81 participantes.


    Los investigadores evaluaron la creatividad de los participantes a través de una “prueba de pensamiento divergente”, una prueba verbal de laboratorio que mide la capacidad de una persona para “pensar fuera de la caja” (o sea, fuera de prejuicios o ideas preestablecidas). Los participantes que se desempeñaron bien en la prueba de pensamiento divergente tenían pensamientos que fluían libremente y estaban asociados entre sí, a menudo indicados con frases como “esto me recuerda a” o “hablando de eso”.

    “Mientras que muchos participantes tenían una tendencia a saltar entre pensamientos aparentemente no relacionados, los individuos creativos mostraron signos de pensar de forma más asociativa”, dijo Raffaeli.

    El primer experimento también encontró que las personas creativas estaban más involucradas en sus pensamientos cuando se las dejaba solas sin distracciones, como el teléfono celular e Internet.

    “Las personas creativas se calificaron a sí mismas como menos aburridas, incluso durante esos 10 minutos. También hablaron más palabras en general, lo que indicó que era más probable que sus pensamientos se movieran libremente”, dice Andrews-Hanna.

    Enemigo: demasiado trabajo

    Para complementar sus hallazgos iniciales, los investigadores ampliaron su estudio en el contexto de un período de tiempo mucho más largo, la pandemia de COVID-19, cuando muchas personas estaban solas con sus pensamientos con más frecuencia.

    En el segundo experimento, más de 2.600 adultos respondieron preguntas a través de una aplicación para teléfonos inteligentes llamada Mind Window, desarrollada por Andrews-Hanna y su estudiante graduado Eric Andrews. Los participantes que se autoidentificaron como creativos informaron que se aburrieron menos durante la pandemia.

    “A medida que nos sobrecargamos de trabajo, tenemos más horarios y nos hacemos adictos a nuestros dispositivos digitales, creo que debemos hacer un mejor trabajo en nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo y nuestras escuelas para cultivar tiempo para simplemente relajarnos con nuestros pensamientos”, dice Andrews-Hanna.

    Los investigadores continúan con esta línea de trabajo utilizando su aplicación Mind Window. Animan a las personas a descargar y usar la aplicación para ayudar a los científicos a comprender cómo piensan las personas de todo el mundo en su vida cotidiana.

    “Comprender por qué diferentes personas piensan de la forma en que lo hacen puede conducir a intervenciones prometedoras para mejorar la salud y el bienestar”, concluye la investigadora