El uso de las piernas resulta clave para la generación de neuronas nuevas y sanas. Y, por ende, adaptarse al estrés y flexibilizar el cerebro.
Rodrigo Lara Serrano, Ingenio
¿Se ha preguntado alguna vez por qué nunca vemos (ni en la realidad, ni en las leyendas, ni en la literatura, ni en el cine, ni en las series) historias de pastores de ovejas locos?
La Dra Raffaella Adami de la Università degli Studi di Milano, Italia, encontró una pista. Y tan grande, que podría poner, nunca mejor dicho, patas para arriba mucho de lo que se sabe de la salud cerebral. ¿Cómo? Una investigación liderada por ella reveló que el uso de las piernas, particularmente en el ejercicio de soportar peso, envía señales al cerebro que son vitales para la producción de células neuronales sanas, esenciales para el cerebro y el sistema nervioso.
Por el contrario, reducir el ejercicio hace que sea difícil para el cuerpo producir nuevas células nerviosas, algunos de los elementos básicos que nos permiten manejar el estrés y adaptarnos a los desafíos constantes en nuestras vidas.
Enfermos y astronautas
Esta investigación pionera muestra que la salud neurológica depende tanto de las señales enviadas por los músculos grandes de las piernas del cuerpo al cerebro como de las directivas que van desde el cerebro hacia los músculos. Publicado en Frontiers in Neuroscience, el estudio entrega a los médicos elementos nuevos para entender por qué los pacientes con enfermedad de las neuronas motoras, esclerosis múltiple, atrofia muscular espinal y otras enfermedades neurológicas, a menudo declinan rápidamente cuando su movimiento se vuelve limitado.
“Nuestro estudio respalda la idea de que las personas que no pueden realizar ejercicios de carga, como los que están postrados en la cama o incluso los astronautas en viajes prolongados, no solo pierden masa muscular, sino que su química corporal se ve alterada a nivel celular e incluso su sistema nervioso se ve afectado negativamente”, dice Adami.
“No es accidental que tengamos que estar activos: caminar, correr, agacharnos para sentarnos y usar los músculos de nuestras piernas para levantar cosas”, agrega Adami. Por ende, “la salud neurológica no es una calle de sentido único con el cerebro diciéndole a los músculos ‘levantar’, ‘caminar’, y así sucesivamente”.
Lo anterior no es una especulación. Adami y su equipo desarrollaron un experimento específico para probar esta idea.
El estudio implicó restringir a los ratones el uso de sus patas traseras, pero no sus patas delanteras, durante un período de 28 días. En tales circunstancias, los ratones continuaron comiendo y acicalándose normalmente y no mostraron estrés. Al final de la prueba, los investigadores examinaron un área del cerebro llamada zona subventricular, que en muchos mamíferos tiene el papel de mantener la salud de las células nerviosas. También es el área donde las células madre neurales producen nuevas neuronas.
Descubrieron que la limitación de la actividad física disminuyó el número de células madre neuronales en un 70 por ciento en comparación con un grupo control de ratones, a los que se les permitió vagar. Además, tanto las neuronas como los oligodendrocitos, células especializadas que soportan y aíslan las células nerviosas, no maduraron completamente cuando el ejercicio se redujo severamente.
Menos ejercicio, menos células nerviosas
La investigación establece, entonces, que el uso de las piernas, particularmente en el ejercicio de soportar peso, envía señales al cerebro que son vitales para la producción de células neuronales sanas, esenciales para el cerebro y el sistema nervioso. Reducir el ejercicio hace que sea difícil para el cuerpo producir nuevas células nerviosas, algunos de los elementos básicos que nos permiten manejar el estrés y adaptarnos al desafío en nuestras vidas.
Los investigadores obtuvieron todavía más información al analizar células individuales. Descubrieron que restringir el ejercicio reduce la cantidad de oxígeno en el cuerpo, lo que crea un ambiente anaeróbico y altera el metabolismo. La reducción del ejercicio también parece tener un impacto en dos genes, uno de los cuales (conocido con el nombre de CDK5Rap1) es muy importante para la salud de las mitocondrias: el centro neurálgico celular que produce la energía que el cuerpo puede usar. Esto representa otro ciclo de retroalimentación.
Tales resultados arrojan luz sobre varios problemas de salud importantes, desde preocupaciones sobre los impactos cardiovasculares como resultado de estilos de vida sedentarios hasta la comprensión de enfermedades devastadoras, como la atrofia muscular espinal (SMA), la esclerosis múltiple y la enfermedad de la neurona motora, entre otros.
“He estado interesado en las enfermedades neurológicas desde 2004”, dice el coautor Dr. Daniele Bottai, también de la Università degli Studi di Milano. “La pregunta que me hice fue: ¿el resultado de estas enfermedades se debe exclusivamente a las lesiones que se forman en la médula espinal en el caso de lesión de la médula espinal y a la mutación genética en el caso de la esclerosis múltiple, o es la menor capacidad de movimiento la crítica factor que agrava la enfermedad?”
Este trabajo demuestra el papel crítico del movimiento en la salud y tiene una gama amplia de posibles implicaciones. Por ejemplo, las misiones para enviar astronautas al espacio durante meses o incluso años deben tener en cuenta que la gravedad y el ejercicio de carga juegan un papel importante en el mantenimiento de la salud humana, dicen los investigadores.
Este trabajo podría explicar, también, por qué en Japón la salud mental de la gente mayor se sostiene mucho más a lo largo de los años: en las casa tradicionales, los muebles se encuentran a la altura del suelo prácticamente, lo que obliga a la personas a hacer decenas de flexiones, cada día, sin darse cuenta.
“Se podría decir que nuestra salud está basada en la Tierra de maneras que recién estamos empezando a comprender”, concluye Bottai. Mientras avanzamos en tal comprensión…, ¡a subir escaleras!



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